Durante el Sábado Santo
la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y su
muerte, y se abstiene del sacrificio de la misa, quedando el altar desnudo por
ello hasta que, después de la vigilia solemne o espera nocturna de la
Resurrección, se desborde la alegría pascual, cuya exuberancia inunda los
cincuenta días siguientes. Hoy no puede darse la sagrada comunión más que como
viático.
1. Según una tradición muy antigua, ésta es
noche de vigilia ante el Señor (Ex 12,42), de tal modo que, teniendo presente
la exhortación evangélica (Lc 12, 35 ss), las velas estén encendidas en las manos de los fieles,
para que se asemejen a quienes esperan el regreso del Señor, y así, cuando
venga, los encuentre vigilantes y los haga sentar a su mesa.
2. La Vigilia se desarrolla de la siguiente
manera: después del breve lucernario (primera parte de la Vigilia), la santa
Iglesia medita los portentos que obró desde el principio el Señor Dios con su
pueblo, que confiaba en su Palabra y en su promesa (segunda parte o liturgia de
la palabra); luego, al acercarse el día de la resurrección, junto con los
nuevos hijos nacidos por el bautismo (tercera parte), es invitada a la mesa que
el Señor ha preparado para su pueblo por medio de su muerte y resurrección
(cuarta parte).
3. Toda la celebración de la Vigilia Pascual se
desarrolla durante la noche, de modo que no debe comenzar antes del principio
de la noche, ni terminar antes del alba del domingo.
4. La misa de la noche, aunque se celebre antes
de la media noche, es la misa pascual del Domingo de Resurrección. Los fieles
que participan en la misa de Vigilia, pueden comulgar también en la misa diurna
de Pascua.
5. El que celebra o concelebra la misa de
Vigilia, puede también celebrar o concelebrar la misa diurna de Pascua.
6. El celebrante y los ministros se revisten con
los ornamentos blancos de la misa.
Prepárense velas para todos los que participan
en la Vigilia.
7. Se apagan las luces de la
iglesia. En un lugar adecuado fuera de la iglesia, se enciende el fuego. Allí
se congrega el pueblo y allí va el celebrante con los ministros, uno de los
cuales lleva el cirio. Cuando no se puede encender el fuego fuera de la
iglesia, el rito se acomoda a las circunstancias.
8. El celebrante saluda, como de costumbre, al
pueblo congregado y le hace una breve exhortación, con estas palabras u otras
semejantes:
Hermanos: en esta noche santa, en que nuestro Señor Jesucristo pasó de la
muerte a la vida, la Iglesia invita a todos sus hijos, diseminados por el
mundo, a que se reúnan para velar en oración. Si conmemoramos así la Pascua del
Señor, escuchando su palabra y participando en sus sacramentos, podremos
esperar tener parte en su triunfo sobre la muerte y vivir con él siempre en
Dios.
9. Seguidamente se bendice el fuego.
Oremos:
Dios nuestro, que por medio de tu Hijo has comunicado el fuego de tu luz:
bendice † este fuego, y concédenos que la celebración de estas fiestas pascuales encienda en nosotros el deseo del cielo, para que
podamos llegar con el espíritu renovado a la fiesta de la eterna luz.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Del fuego nuevo se enciende el cirio pascual.
10. Bendecido el nuevo fuego, un acólito o uno
de los ministros lleva el cirio pascual ante el celebrante, que con un punzón
graba la cruz en el mismo cirio. Después hace sobre él la letra griega alfa, y
debajo la letra omega, y entre los brazos de la cruz los números que expresan
el año en curso, mientras dice:
1. Cristo ayer y hoy. (Traza la línea vertical.)
2. Principio y fin. (Traza la línea horizontal.)
3. Alfa. (Traza la letra alfa arriba de la línea
vertical.)
4. Y omega. (Traza la letra omega debajo de la
línea vertical.)
5. Suyo es el tiempo. (Traza el primer número
del año en curso en el ángulo superior izquierdo de la cruz.)
6. Y la eternidad. (Traza el segundo número del
año en el ángulo superior derecho.)
7. A él la gloria y el poder. (Traza el tercer
número del año en el ángulo inferior izquierdo.)
8. Por los siglos de los siglos.
Amén.
(Traza el cuarto número del año en el ángulo
inferior derecho.)
11. Después de haber trazado la cruz y los otros
signos, el celebrante incrusta en el cirio cinco granos de incienso, en forma
de cruz, mientras dice:
1. Por sus llagas
2. santas y gloriosas
3. nos proteja
4. y nos guarde
5. Jesucristo nuestro Señor. Amén.
12. El celebrante enciende el cirio pascual con
el fuego nuevo, diciendo:
La luz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas del corazón y
del espíritu.
13. Cuando por dificultades no puede encenderse
una hoguera, la bendición del fuego se acomoda a las circunstancias.
14. Seguidamente el diácono o -en su defecto- el
celebrante toma el cirio pascual y, teniéndolo elevado, canta él solo:
Luz de Cristo.
Y todos responden:
Demos gracias a Dios.
Deo Gratias
15. Después todos entran en la iglesia,
precediéndoles el diácono o el celebrante con el cirio pascual. Si se emplea el
incienso, entonces el turiferario va antes. A la puerta de la iglesia, el
diácono o el celebrante, de pie y elevando el cirio, canta de nuevo:
Luz de Cristo.
Y todos responden:
Demos gracias a Dios.
Deo Gratias
Y encienden sus velas de la llama del cirio
pascual, y avanzan. El diácono o el celebrante, cuando hubiese llegado ante el
altar, de pie y vuelto al pueblo, canta por tercera vez:
Luz de Cristo.
Y todos responden:
Demos gracias a Dios.
Deo Gratias
Y se encienden las luces de la iglesia.
16. Cuando el celebrante ha llegado al altar, va
a su sede. El diácono o él mismo pone el cirio pascual sobre el candelabro
colocado en medio del presbiterio o junto al ambón; seguidamente, una vez
puesto el incienso -si se trata del diácono- pide y recibe la bendición del
celebrante, que dice en voz baja:
El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para
que puedas anunciar dignamente su pregón pascual, en el nombre del Padre y del
Hijo † y del Espíritu Santo.
Amén.
Esta bendición se omite, si el pregón pascual es
anunciado por alguien que no sea diácono.
17. El diácono o el celebrante, una vez
incensados el libro y el cirio, anuncia el pregón pascual en el ambón, estando
todos de pie y con las velas encendidas en las manos.
18. Pregón Pascual
Alégrense por fin los coros de los ángeles, alégrense las jerarquías del
cielo, y, por la victoria de Rey tan poderoso, que las trompetas anuncien la
salvación.
Goce también la tierra, inundada de tanta claridad, y que, radiante con el
fulgor del Rey eterno, se sienta libre de la tiniebla que cubría el orbe
entero.
Alégrese también nuestra madre la Iglesia, revestida de luz tan brillante;
resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.
Por eso, queridos hermanos, que asisten a la admirable claridad de esta luz
santa, invoquen conmigo la misericordia de Dios omnipotente, para que Aquél
que, sin mérito mío, me agregó al número de sus sacerdotes, infundiendo el
resplandor de su luz, me ayude a cantar las alabanzas de este cirio.
Las fiestas pascuales
En verdad es justo y necesario, aclamar
con nuestras voces y con todo el afecto del corazón a Dios invisible, el Padre
todopoderoso, y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre la deuda de Adán y, derramando
su sangre, canceló la condena del antiguo pecado.
Porque éstas son las fiestas de Pascua, en las que se inmola el verdadero
Cordero, cuya sangre consagra las puertas de los fieles.
Esta es la noche en que sacaste de Egipto a los israelitas, nuestros padres, y
los hiciste pasar a pie el mar Rojo.
Esta es la noche en que la columna de fuego esclareció en las tinieblas del
pecado.
Esta es la noche en la que, los que creen en Cristo por toda la tierra, son
arrancados de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado, son
restituidos a la gracia y son agregados a los santos.
Esta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende
victorioso del abismo.
¿De que nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados? ¡Qué
asombroso beneficio de tu amor por nosotros!
¡Qué incomparable ternura y caridad! ¡Para rescatar al esclavo, entregaste al
Hijo!
Necesario fue el pecado de Adán, que ha sido borrado por la muerte de Cristo.
¡Feliz la culpa que mereció tal redentor!
¡Qué noche tan dichosa! Sólo ella conoció el momento que Cristo resucitó de
entre los muertos.
Esta es la noche de la que estaba escrito: "Será la noche clara como el
día, la noche iluminada por mi gozo". Y así, esta noche santa ahuyenta los
pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, expulsa el odio,
trae la concordia, doblega a los poderosos.
En esta noche de gracia, acepta, Padre santo, este sacrificio vespertino de
alabanza, que la santa Iglesia te ofrece en la solemne ofrenda de este cirio,
hecho con cera de abejas.
Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego, ardiendo en llama viva para la
gloria de Dios. Y aunque distribuye su luz, no mengua al repartirla, porque se
alimenta de esta cera fundida que elaboró la abeja fecunda para hacer esta
lámpara preciosa. ¡Qué noche tan dichosa en que se une el cielo con la tierra,
lo humano con lo divino!
Te rogamos, Señor, que este cirio, consagrado a tu nombre, para destruir la
oscuridad de esta noche y, aceptado como perfume, se asocie a las lumbreras del
cielo.
Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo, ese lucero que no conoce ocaso y
es Jesucristo, tu Hijo resucitado, que, al salir del sepulcro, brilla sereno
para el linaje humano, y vive y reina glorioso por los siglos de los siglos.
Amén.
20. Por
causas pastorales puede reducirse el número de lecturas del Antiguo Testamento.
Pero siempre téngase en cuenta que la lectura de la Palabra es uno de los
elementos fundamentales de esta Vigilia Pascual. Se leen, por lo menos, tres
lecturas del Antiguo Testamento, que en casos muy especiales pueden reducirse a
dos. Nunca puede omitirse el relato del capítulo 14 del Exodo
(lectura tercera).
21. Apagadas
las velas, todos se sientan. Antes de comenzar las lecturas, el celebrante
exhorta al pueblo con estas palabras:
Hermanos: Con el pregón solemne de la
Pascua, hemos entrado ya en la noche santa de la resurrección del Señor.
Escuchemos, en silencio meditativo, la palabra de Dios. Recordemos las
maravillas que Dios ha realizado para salvar al primer Israel, y cómo en el
avance continuo de la historia de la salvación, al llegar los últimos tiempos,
envió al mundo a su Hijo, para que, con su muerte y resurrección, salvara a
todos los humanos.
Mientras contemplamos la gran trayectoria de esta historia santa, oremos
intensamente, para que el designio de salvación universal, que Dios inició con
Israel, llegue a su plenitud y alcance a toda la humanidad por el misterio de
la resurrección de Jesucristo.
22. Después
siguen las lecturas. El lector se dirige al ambón y lee la primera.
Seguidamente el cantor dice el salmo, proclamando el pueblo la respuesta.
Acabado el salmo, todos se levantan y el celebrante dice: "Oremos",
y, después que todos han orado en silencio durante algún tiempo, dice la
oración.
Vio
Dios todo lo que había hecho y lo encontró muy bueno
Lectura
del libro del Génesis
1, 1-31; 2, 1-2
En
el principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era soledad y caos; y
las tinieblas cubrían la faz del abismo. El espíritu de Dios se movía sobre la
superficie de las aguas.
Dijo Dios:
"Que exista la luz".
Y la luz existió. Vio Dios que la luz era buena, y separó la luz de las
tinieblas. Llamó a la luz "día" y a las tinieblas "noche".
Fue la tarde y la mañana del primer día.
Dijo Dios:
"Que haya una bóveda entre las aguas, que separe unas aguas de
otras".
E hizo Dios una bóveda y separó con ellas las aguas de arriba, de las aguas de
abajo. Y así fue. Llamó Dios a la bóveda "cielo". Fue la tarde y la
mañana del segundo día.
Dijo Dios:
"Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo lugar y que
aparezca el suelo seco".
Y así fue. Llamó Dios "tierra" al suelo seco y "mar" a la
masa de las aguas. Y vio Dios que era bueno.
Dijo Dios:
"Verdee la tierra con plantas que den semilla y árboles que den fruto y
semilla, según su especie, sobre la tierra".
Y así fue. Brotó de la tierra hierba verde que producía semilla, según su
especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla, según su especie. Y vio
Dios que era bueno. Fue la tarde y la mañana del tercer día.
Dijo Dios:
"Que haya lumbreras en la bóveda del cielo, que separen el día de la
noche, señalen las estaciones, los días y los años, y luzcan en la bóveda del
cielo para iluminar la tierra".
Y así fue. Hizo Dios las dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor para regir el
día y la menor, para regir la noche; y también hizo las estrellas. Dios puso
las lumbreras en la bóveda del cielo para iluminar la tierra, para regir el día
y la noche, y separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Fue la
tarde y la mañana del cuarto día.
Dijo Dios:
"Agítense las aguas con un hervidero de seres vivientes y revoloteen sobre
la tierra las aves, bajo la bóveda del cielo".
Creó Dios los grandes animales marinos y los vivientes que en el agua se
deslizan y la pueblan, según su especie. Creo también el mundo de las aves,
según sus especies. Vio Dios que era bueno y los bendijo, diciendo:
"Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas del mar; que las aves se
multipliquen en la tierra".
Fue la tarde y la mañana del quinto día.
Dijo Dios:
"Produzca la tierra vivientes, según sus especies".
Y así fue. Hizo Dios las fieras, los animales domésticos y los reptiles, cada
uno según su especie. Y vio Dios que era bueno.
Dijo Dios:
"Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine a los peces
del mar, a las aves del cielo, a los animales domésticos y a todo animal que se
arrastra sobre la tierra".
Y creó Dios al hombre a su imagen: a imagen suya lo creó; hombre y mujer los
creó.
Y los bendijo Dios y les dijo:
"Sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a
los peces del mar, a las aves del cielo y a todos ser viviente que se mueve
sobre la tierra".
Y dijo Dios:
"He aquí que les entrego todas las plantas de semilla que hay sobre la faz
de la tierra, y todos los árboles que producen frutos y semilla, para que les
sirvan de alimento. Y a todas las fieras de la tierra, a todos las aves del
cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todos los seres que respiran,
también les doy por alimento las verdes plantas".
Y así fue. Vio Dios todo lo que había hecho y lo encontró muy bueno. Fue la
tarde y la mañana del sexto día.
Así quedaron concluidos el cielo y la tierra con todos sus ornamentos, y
terminada su obra, descansó Dios el séptimo día de todo cuanto había hecho.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal
103, 1-2a.5-6.10.12.13-14.24
Bendice
al Señor, alma mía.
Emitte spiritum
tuum, Dómine, et rénova fáciem
tuam
Bendice
al Señor, alma mía; Señor y Dios mío, inmensa es tu grandeza. Te vistes de
belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto.
Bendice al Señor, alma mía.
Emitte spiritum
tuum, Dómine, et rénova fáciem
tuam
Sobre
bases inconmovibles asentaste la tierra para siempre. Con un vestido de mares
la cubriste y las aguas en las montañas concentraste.
Bendice al Señor, alma mía.
Emitte spiritum
tuum, Dómine, et rénova fáciem
tuam
En
los valles haces brotar las fuentes, que van corriendo entre montañas; junto a
ellas vienen a vivir las aves, y entre las ramas cantan.
Bendice al Señor, alma mía.
Emitte spiritum
tuum, Dómine, et rénova fáciem
tuam
Desde
tu cielo riegas los montes y sacias la tierra del fruto de tus manos; haces
brotar hierba para los ganados y pasto para los que sirven al hombre.
Bendice al Señor, alma mía.
Emitte spiritum
tuum, Dómine, et rénova fáciem
tuam
¡Qué
numerosas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con maestría!; la tierra
está llena de tus criaturas.
Bendice al Señor, alma mía.
Emitte spiritum
tuum, Dómine, et rénova fáciem
tuam
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, admirable siempre en tus
obras; que tus redimidos comprendan cómo la creación del mundo en el comienzo
de los siglos no fue obra de mayor grandeza que el sacrificio pascual de Cristo
en la plenitud de los tiempos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
El
sacrificio de nuestro patriarca Abrahán
Lectura
del libro del Génesis
22, 1-2.9a.-13.15-18
En
aquel tiempo, Dios le puso una prueba a Abrahán y le dijo:
"¡Abrahán, Abrahán!"
El respondió:
"Aquí estoy".
Y Dios le dijo:
"Toma a tu hijo único, Isaac, a quien tanto amas; vete a la región de Moria y ofrécemelo en sacrificio, en el monte que yo te
indicaré".
Abrahán madrugó, aparejó su burro, tomó consigo a dos de sus criados y a su
hijo Isaac; cortó leña para el sacrificio y se encaminó al lugar que Dios le
había indicado. Al tercer día divisó a lo lejos el lugar. Les dijo entonces a
sus criados:
"Quédense aquí con el burro; yo iré con el muchacho hasta allá, para
adorar a Dios y después regresaremos".
Abrahán tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su hijo Isaac y tomó en
su mano el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos. Isaac dijo a su padre
Abrahán:
"¡Padre!"
El respondió:
"¿Qué quieres, hijo?"
El muchacho contestó:
"Ya tenemos fuego y leña, ¿pero dónde está el cordero para el
sacrificio?"
Abrahán le contestó:
"Dios nos dará el cordero para el sacrificio, hijo mío".
Y siguieron caminando juntos. Cuando llegaron al sitio que Dios le había
señalado, Abrahán levantó un altar y acomodó la leña. Luego ató a su hijo
Isaac, lo puso sobre el altar, encima de la leña, y tomó el cuchillo para
degollarlo. Pero el ángel del Señor lo llamó desde el cielo y le dijo:
"¡Abrahán, Abrahán!"
El contestó:
"Aquí estoy".
El ángel le dijo:
"No descargues la mano contra tu hijo, ni le hagas daño. Ya veo que temes
a Dios, porque no le has negado a tu hijo único".
Abrahán levantó los ojos y vio un carnero, enredado por los cuernos en la
maleza. Atrapó el carnero y lo ofreció en sacrificio, en lugar de su hijo.
Abrahán puso por nombre a aquel sitio "el Señor provee", por lo que
aun el día de hoy se dice: "el monte donde el Señor provee". El ángel
del Señor volvió a llamar a Abrahán desde el cielo y le dijo:
"Juro por mí mismo, dice el Señor, que por haber hecho esto y no haberme
negado a tu hijo único, yo te bendeciré y multiplicaré tu descendencia como las
estrellas del cielo y las arenas del mar. Tus descendientes conquistarán las
ciudades enemigas. En tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la
tierra, porque obedeciste a mis palabras".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 15, 5.8.9-10.11
Protégeme,
Dios mío, porque me refugio en ti.
Converva me, Deus, quoniam
speravi in te
El
Señor es la parte que me ha tocado en herencia: mi vida está en sus manos.
Tengo siempre presente al Señor y con él a mi lado, jamás tropezaré.
Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.
Converva me, Deus, quoniam
speravi in te
Por
eso se me alegran el corazón y el alma y mi cuerpo vivirá tranquilo, porque tú
no me abandonarás a la muerte, ni dejarás que sufra yo la corrupción.
Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.
Converva me, Deus, quoniam
speravi in te
Enséñame
el camino de la vida, sáciame de gozo en tu presencia y de alegría perpetua
junto a ti.
Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.
Converva me, Deus, quoniam
speravi in te
Oremos: ¡Oh Dios, Padre supremo de
los creyentes!, que multiplicas sobre la tierra los hijos de tu promesa con la
gracia de la adopción y, por el misterio pascual, hiciste de tu siervo Abrahán
el padre de todas las naciones, como lo habías prometido: concede a tu pueblo
responder dignamente a la gracia de tu llamada.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
entraron en el mar sin
mojarse
Lectura
del libro del Exodo
14, 15-31; 15, 1a
En
aquellos días, dijo el Señor a Moisés:
"¿Por qué sigues clamando a mí? Diles a los israelitas que se pongan en
marcha. Y tú alza tu bastón, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que
los israelitas entren en el mar sin mojarse. Yo voy a endurecer el corazón de
los egipcios para que los persigan, y me cubriré de gloria a expensas del
faraón y de sus carros y de su caballería. Sabrán los egipcios que yo soy el
Señor, cuando me haya cubierto de gloria a expensas del faraón, de sus carros y
de su caballería".
El ángel del Señor, que iba al frente de las huestes de Israel, se colocó tras
ellas, también la columna de nube de delante se desplazó de allí y se puso a
sus espaldas, colocándose entre el campamento de los israelitas y el campamento
de los egipcios. La nube era tinieblas para unos y claridad para otros, y así
los ejércitos no trabaron contacto durante toda la noche.
Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo soplar durante toda la
noche un fuerte viento del este, que secó el mar y se dividieron las aguas. Los
israelitas entraron en medio mar como en tierra seca, mientras que las aguas
formaban una muralla a su derecha e izquierda. Los egipcios se lanzaron en su
persecución, entrando tras ellos toda la caballería del faraón, sus carros y sus
soldados.
Hacia el amanecer, el Señor miró desde la columna de fuego y humo al ejército
de los egipcios y sembró entre ellos el pánico. Trabó las ruedas de sus carros,
que apenas podían avanzar. Dijeron entonces los egipcios:
"Huyamos de Israel, porque el Señor lucha en su favor contra Egipto".
Entonces el Señor dijo a Moisés: "Extiende tu mano sobre el mar, y vuelvan
las aguas sobre los egipcios, sus carros y sus jinetes".
Y extendió Moisés su mano sobre el mar; y al amanecer las aguas volvieron a su
sitio. Al huir los egipcios se encontraron con ellas, y el Señor los derribó en
medio del mar. Y volvieron las aguas y cubrieron los carros, los jinetes y todo
el ejército del faraón que se había metido en el mar para perseguir a Israel.
Ni uno solo se salvó.
Pero los hijos de Israel caminaban por lo seco en medio del mar; las aguas les
hacían muralla a derecha e izquierda. Aquel día salvó el Señor a Israel de las
manos de Egipto. Israel vio a los egipcios muertos, en la orilla del mar.
Israel vio la mano fuerte del Señor y creyó en el Señor y en Moisés, su siervo.
Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron un cántico al Señor.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Ex 15, 1-2.3-4.5-6.17-18
Alabemos
al Señor por su victoria.
Cantemos Domino: gloriose
enim magnificatus est
Cantemos
al Señor, sublime es su victoria: caballos y jinetes arrojó en el mar. Mi
fortaleza y mi canto es el Señor, él es mi salvación, él es mi Dios, yo lo
alabaré; es el Dios de mis padres, yo le cantaré.
Alabemos al Señor por su victoria.
Cantemos Domino: gloriose
enim magnificatus est
El
Señor es un guerrero, su nombre es el Señor. Precipitó en el mar los carros del
faraón y a sus guerreros; ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes.
Alabemos al Señor por su victoria.
Cantemos Domino: gloriose
enim magnificatus est
El
mar cayó sobre ellos; en las temibles aguas como plomo se hundieron. Extendiste
tu diestra, Señor, y se los tragó la tierra.
Alabemos al Señor por su victoria.
Cantemos Domino: gloriose
enim magnificatus est
Tú
llevas a tu pueblo para plantarlo en el monte que le diste en herencia, en el
lugar que convertiste en tu morada, en el santuario
que construyeron tus manos. Tú, Señor, reinarás para siempre.
Alabemos al Señor por su victoria.
Cantemos Domino: gloriose
enim magnificatus est
Oremos: Tus antiguos prodigios se renuevan, Señor, también en
nuestros tiempos, pues lo que tu poder hizo con las aguas para librar un solo
pueblo de la esclavitud del faraón, lo repites ahora por medio del agua del
bautismo, para salvar a todas las naciones. Concede a los humanos del mundo
entero contarse entre los hijos de Abrahán y participar de la dignidad del
pueblo elegido.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Con amor eterno se ha apiadado de ti tu redentor
Lectura
del libro del profeta Isaías
54, 5-14
"El
que te creó, te tomará por esposa; su nombre es "Señor de los
ejércitos". Tu redentor es el Santo de Israel; será llamado "Dios de
toda la tierra". Como a una mujer abandonada y abatida te vuelve a llamar
el Señor. ¿Acaso repudia uno a la esposa de la juventud?, dice tu Dios.
Por un instante te abandoné, pero con inmensa misericordia te volveré a tomar.
En un arrebato de ira te oculté un instante mi rostro, pero con amor eterno me
he apiadado de ti, dice el Señor, tu redentor.
Me pasa ahora como en los días de Noé: entonces juré que las aguas del diluvio
no volverían a cubrir la tierra; ahora juro no enojarme ya contra ti ni volver
a amenazarte. Podrán desaparecer los montes y hundirse las colinas, pero mi
amor por ti no desaparecerá y mi alianza de paz quedará firme para siempre. Lo
dice el Señor, el que se apiada de ti.
Tú, la afligida, la zarandeada por la tempestad, la no consolada: He aquí que
yo mismo coloco tus piedras sobre piedras finas, tus cimientos sobre zafiros;
te pondré almenas de rubí y puertas de esmeralda y murallas de piedras
preciosas.
Todos tus hijos serán discípulos del Señor, y será grande su prosperidad. Serás
consolidada en la justicia. Destierra la angustia, pues ya nada tienes que
temer; olvida tu miedo, porque ya no se acercará a ti".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 29
Te
alabaré, Señor eternamente.
Exaltabo te, Dómine, quoniam extraxisti me
Te
alabaré, Señor, pues no dejaste que se rieran de mí mis enemigos. Tú, Señor, me
salvaste de la muerte y a punto de morir, me reviviste.
Te alabaré, Señor eternamente.
Exaltabo te, Dómine, quoniam extraxisti me
Alaben
al Señor quienes lo aman, den gracias a su nombre, porque su ira dura un solo
instante y su bondad, toda la vida. El llanto nos visita por la tarde; por la
mañana, el júbilo.
Te alabaré, Señor eternamente.
Exaltabo te, Dómine, quoniam extraxisti me
Escúchame,
Señor, y compadécete; Señor, ven en mi ayuda. Convertiste mi duelo en alegría,
te alabaré por eso eternamente.
Te alabaré, Señor eternamente.
Exaltabo te, Dómine, quoniam extraxisti me
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, multiplica, fiel a tu
palabra, la descendencia que aseguraste a la fe de nuestros padres, y aumenta
con tu adopción los hijos de la promesa, para que tu Iglesia vea en qué medida
se ha cumplido ya cuanto los patriarcas creyeron y esperaron.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
Vengan a mí y vivirán. Sellaré con ustedes una alianza
perpetua
Lectura
del libro del profeta Isaías
55, 1-11
Esto
dice el Señor:
"Todos ustedes, los que tienen sed, vengan por agua; y los que no tienen
dinero, vengan, tomen trigo y coman; tomen vino y leche sin pagar. ¿Por qué
gastar el dinero en lo que no es pan y el salario, en lo que no alimenta?
Escúchenme atentos y comerán bien, saborearán platillos sustanciosos. Préstenme
atención, vengan a mí, escúchenme y vivirán.
Sellaré con ustedes una alianza perpetua, cumpliré las promesas que hice a
David. Como a él lo puse por testigo ante los pueblos, como príncipe y soberano
de las naciones, así tú reunirás a un pueblo desconocido, y las naciones que no
te conocían acudirán a ti, por amor del Señor, tu Dios, por el Santo de Israel,
que te ha honrado.
Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar, invóquenlo mientras está cerca;
que el malvado abandone su camino, y el criminal, sus planes; que regrese al
Señor, y él tendrá piedad; a nuestro Dios, que es rico en perdón.
Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, sus caminos no son mis
caminos. Porque así como aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis
caminos a los de ustedes y mis pensamientos a sus pensamientos.
Como bajan del cielo la lluvia y la nieve y no vuelven allá, sino después de
empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, a fin de que dé semilla
para sembrar y pan para comer, así será la palabra que sale de mi boca: no
volverá a mí sin resultado, sino que hará mi voluntad y cumplirá su
misión".
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Isaías 12
El
Señor es mi Dios y salvador.
Haurietis aguas in gaudio de fóntibus Salvatoris
El
Señor es mi Dios y salvador: con él estoy seguro y nada temo. El Señor es mi
protección y mi fuerza, y ha sido mi salvación. Sacarán agua con gozo de la
fuente de salvación.
El Señor es mi Dios y salvador.
Haurietis aguas in gaudio de fóntibus Salvatoris
Den
gracias al Señor, invoquen su nombre, cuenten a los pueblos sus hazañas,
proclamen que su nombre es sublime.
El Señor es mi Dios y salvador.
Haurietis aguas in gaudio de fóntibus Salvatoris
Alaben
al Señor por sus proezas, anúncienlas a toda la tierra. Griten jubilosos,
habitantes de Sión, porque el Dios de Israel ha sido
grande con ustedes.
El Señor es mi Dios y salvador.
Haurietis aguas in gaudio de fóntibus Salvatoris
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, esperanza única del mundo
que anunciaste por la voz de tus profetas los misterios de los tiempos
presentes: atiende los deseos de tu pueblo, porque ninguno de tus fieles puede
progresar en la virtud sin la inspiración de tu gracia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Sigue el camino que te conduce a la luz del Señor
Lectura
del libro del profeta Baruc
3, 9-5, 32-38; 4, 1-4
Escucha,
Israel, los mandatos de vida, presta oído para que adquieras prudencia. ¿A qué
se debe, Israel, que estés aún en país enemigo, que envejezcas en tierra
extranjera, que te hayas contaminado por el trato con los muertos, que te veas
contado entre los que descienden al abismo?
Es que abandonaste la fuente de la sabiduría. Si hubieras seguido los senderos
de Dios, habitarías en paz eternamente.
Aprende dónde están la prudencia, la inteligencia y la energía, así aprenderás
dónde se encuentra el secreto de vivir larga vida y dónde la luz de los ojos y
la paz. ¿Quién es el que halló el lugar de la sabiduría y tuvo acceso a sus
tesoros? El que todo lo sabe, la conoce; con su inteligencia la ha escudriñado.
El que cimentó la tierra para todos los tiempos, y la pobló de animales
cuadrúpedos; el que envía la luz, y ella va, la llama, y temblorosa le obedece;
llama a los astros, que brillan jubilosos en sus puestos de guardia, y ellos le
responden: "Aquí estamos", y refulgen gozosos para aquel que los
hizo. El es nuestro Dios y no hay otro como él; él ha escudriñado los caminos
de la sabiduría y se la dio a su hijo Jacob, a Israel, su predilecto. Después
de esto, ella apareció en el mundo y convivió con los hombres.
La sabiduría es el libro de los mandatos de Dios, la ley de validez eterna; los
que la guardan, vivirán, los que la abandonan, morirán.
Vuélvete a ella, Jacob, y abrázala; camina hacia la claridad de su luz; no
entregues a otros tu gloria, ni tu dignidad a un pueblo extranjero.
Bienaventurados nosotros, Israel, porque lo que agrada al Señor nos ha sido revelado.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Del Salmo 18
Señor,
tú tienes palabras de vida eterna.
Domine, verba vital aeternae
habes
La
ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante.
Señor, tú tienes palabras de vida eterna.
Domine, verba vital aeternae
habes
Los
mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es
límpida y da luz a los ojos.
Señor, tú tienes palabras de vida eterna.
Domine, verba vital aeternae
habes
La
voluntad del Señor es pura y eternamente estable; los mandamientos del Señor
son verdaderos y eternamente justos.
Señor, tú tienes palabras de vida eterna.
Domine, verba vital aeternae
habes
Más
precioso que el oro, más que el oro fino; más dulce que la miel de un panal que
destila.
Señor, tú tienes palabras de vida eterna.
Domine, verba vital aeternae
habes
Oremos: ¡Oh Dios!, que sin cesar
haces crecer a tu Iglesia agregando a ella nuevos hijos: defiende con tu
constante protección a cuantos purificas en el agua del bautismo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Los rociaré con agua pura y les daré un corazón nuevo
Lectura
del libro del profeta Ezequiel
36, 16-28
En
aquel tiempo, me fue dirigida la palabra del Señor en estos términos:
"Hijo de hombre, cuando los de la casa de Israel habitaban en su tierra,
la mancharon con su conducta y sus obras; como inmundicia fue su proceder ante
mis ojos. Entonces descargué mi furor contra ellos, por la sangre que habían
derramado en el país y por haberlo profanado con sus idolatrías. Los dispersé
entre las naciones y anduvieron errantes por todas las tierras. Los juzgé según su conducta, según sus acciones los sentencié.
Y en las naciones a las que se fueron, desacreditaron mi santo nombre, haciendo
que de ellos se dijera: "Este es el pueblo del Señor, y ha tenido que
salir de su tierra".
Pero, por mi santo nombre, que la casa de Israel profanó entre las naciones a
donde llegó, me he compadecido. Por eso, dile a la casa de Israel:
"Esto dice el Señor: no lo hago por ustedes, casa de Israel. Yo mismo
mostraré la santidad de mi nombre excelso, que ustedes profanaron entre las
naciones. Entonces ellas reconocerán que yo soy el Señor, cuando, por medio de
ustedes les haga ver mi santidad.
Los sacaré a ustedes de entre las naciones, los reuniré de todos los países y
los llevaré a su tierra. Los rociaré con agua pura y quedarán purificados; los
purificaré de todas sus inmundicias e idolatrías.
Les daré un corazón nuevo y les infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de
ustedes el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Les infundiré mi
espíritu y los haré vivir según mis preceptos y guardar y cumplir mis
mandamientos. Habitarán en la tierra que di a sus padres; ustedes serán mi
pueblo y yo seré su Dios"".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor
De los salmos 41 y 42
Estoy
sediento del Dios que da la vida.
Quemadmodum desiderat cervus
ad fontes aquarum, ita desiderat anima mea ad te, Deus
Como
el venado busca el agua de los ríos, así cansada, mi alma te busca a ti, Dios
mío.
Estoy sediento del Dios que da la vida.
Quemadmodum desiderat cervus
ad fontes aquarum, ita desiderat anima mea ad te, Deus
Del
Dios que da la vida está mi ser sediento. ¿Cuándo será posible ver de nuevo su
templo?
Estoy sediento del Dios que da la vida.
Quemadmodum desiderat cervus
ad fontes aquarum, ita desiderat anima mea ad te, Deus
Recuerdo
cuando íbamos a casa del Señor, cantando, jubilosos, alabanzas a Dios.
Estoy sediento del Dios que da la vida.
Quemadmodum desiderat cervus
ad fontes aquarum, ita desiderat anima mea ad te, Deus
Envíame,
Señor, tu luz y tu verdad; que ellas se conviertan en mi guía y hasta tu monte
santo me conduzcan, allí donde tú habitas.
Estoy sediento del Dios que da la vida.
Quemadmodum desiderat cervus
ad fontes aquarum, ita desiderat anima mea ad te, Deus
Al
altar del Señor me acercaré, al Dios que es mi alegría, y a mi Dios, el Señor,
le daré gracias al compás de la cítara.
Estoy sediento del Dios que da la vida.
Quemadmodum desiderat cervus
ad fontes aquarum, ita desiderat anima mea ad te, Deus
Oremos: Señor, Dios todopoderoso, poder inmutable y luz sin
ocaso, prosigue bondadoso a través de tu Iglesia, sacramento de salvación, la
obra que tu amor dispuso desde la eternidad; que todo el mundo vea y reconozca
que los caídos se levantan, que se renueva lo que había envejecido y que todo
se integra en Aquél que es el principio de todo, Jesucristo, nuestro Señor. Que
vive y reina contigo por los siglos de los siglos.
Amén.
30.
Después de la última lectura del Antiguo Testamento, de su salmo y oración, se
encienden las velas del altar, el celebrante entona solemnemente el "Gloria",
que todos prosiguen, mientras tocan las campanas de acuerdo con las costumbres
de cada lugar.
31. Acabado el "Gloria", el
celebrante dice la Oración colecta, como de ordinario.
Oremos:
Dios nuestro, que haces resplandecer esta noche santa con la gloria del Señor
resucitado, aviva en tu Iglesia el espíritu filial para que, renovados en
cuerpo y alma, nos entreguemos plenamente a tu servicio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
32. Seguidamente el subdiácono o un
lector lee la epístola de san Pablo.
Cristo, una vez
resucitado de entre los muertos, ya nunca morirá
Lectura de la carta del apóstol san
Pablo a los Romanos
6,3-11
Hermanos: Todos los que hemos sido
incorporados a Cristo Jesús por medio del bautismo, hemos sido incorporados a
su muerte. En efecto, por el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte,
para que, así como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del
Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva.
Porque, si hemos estado íntimamente unidos a él por una muerte semejante a la
suya, también lo estaremos en su resurrección. Sabemos que nuestro viejo yo fue
crucificado con Cristo, para que el cuerpo del pecado quedara destruido, a fin
de que ya no sirvamos al pecado, pues el que ha muerto queda libre del pecado.
Por lo tanto, si hemos muerto con Cristo, estamos seguros de que también
viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los
muertos, ya nunca morirá. La muerte ya no tiene dominio sobre él, porque al
morir, murió al pecado de una vez para siempre; y al resucitar, vive ahora para
Dios. Lo mismo ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en
Cristo Jesús, Señor nuestro.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
33. Terminada la Epístola, todos se
ponen de pie y el celebrante entona solemnemente el "Aleluya" que
todos repiten. Luego un salmista o un lector dice el salmo, al que el pueblo
responde: Aleluya.
Salmo 117
Aleluya, aleluya.
Te damos gracias, Señor, porque eres
bueno, porque tu misericordia es eterna. Diga la casa de Israel: Su
misericordia es eterna.
Aleluya, aleluya.
La diestra del Señor es poderosa, la
diestra del Señor es nuestro orgullo. No moriré, continuaré viviendo para
contar lo que el Señor ha hecho.
Aleluya, aleluya.
La piedra que desecharon los
constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor,
es un milagro patente.
Aleluya, aleluya.
34. Para el Evangelio no se llevan
velas. Puede emplearse el incienso.
Ha
resucitado e irá delante de ustedes a Galilea
Lectura del santo Evangelio según san Mateo [A]
28, 1-10
Gloria
a ti, Señor.
¿Por
qué buscan entre los muertos al que está vivo?
†
Lectura del santo Evangelio según san Lucas [B]
24,1-12
El
primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con aromas
que habían preparado, y encontraron la piedra del sepulcro retirada a un lado.
Entraron, pero no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. Estaban sin saber que
hacer, cuando dos hombres se presentaron ante ellas vestidos con ropas
resplandecientes. Llenas de miedo, hicieron una profunda reverencia. Ellos les
dijeron:
"¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha
resucitado. Recuerden lo que les dijo cuando estaba en Galilea: Que el Hijo del
hombre debía ser entregado en manos de pecadores, que iban a crucificarlo y que
resucitaría al tercer día".
Ellas se acordaron de estas palabras y, regresando del sepulcro, anunciaron
todo esto a los Once y a todos los demás. Fueron María Magdalena, Juana, María
la de Santiago y las demás mujeres que estaban con ellas las que comunicaron
estas cosas a los apóstoles. Pero ellos pensaron que eran imaginaciones, y no
les creyeron.
Pedro, sin embargo, se levantó y fue corriendo al sepulcro. Al asomarse, sólo
vio los lienzos, y regresó a casa, admirado de lo sucedido.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?
Lectura
del santo Evangelio según san Lucas [C]
24, 1-12
Gloria
a ti, Señor.
El
primer día después del sábado, muy de mañana, llegaron las mujeres al sepulcro,
llevando los perfumes que habían preparado. Encontraron que la piedra ya había
sido retirada del sepulcro y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor
Jesús.
Estando ellas todas desconcertadas por esto, se les presentaron dos varones con
vestidos resplandecientes. Como ellas se llenaron de miedo e inclinaron el
rostro a tierra, los varones les dijeron:
"¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí; ha
resucitado. Recuerden que cuando estaba todavía en Galilea les dijo: "Es
necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores y sea
crucificado y al tercer día resucite"".
Y ellas recordaron sus palabras.
Cuando regresaron del sepulcro, las mujeres anunciaron todas estas cosas a los
Once y a todos los demás. Las que decían estas cosas a los apóstoles eran María
Magdalena, Juana, María (la madre de Santiago) y las demás que estaban con
ellas. Pero todas estas palabras les parecían desvaríos y no les creían.
Pedro se levantó y corrió al sepulcro. Se asomó, pero sólo vio los lienzos y se
regresó a su casa, asombrado por lo sucedido.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
35. Luego del Evangelio tiene lugar la homilía. Después
comienza la liturgia bautismal.
36. El celebrante con los ministros se
dirige a la fuente bautismal, si es que ésta se encuentra a la vista de los
fieles reunidos. De lo contrario, se pone un recipiente con agua en el
presbiterio. Se llama a los catecúmenos, si los hay, los cuales son presentados
por los padrinos, o si son niños llevados por los padres y padrinos ante toda
la asamblea.
37. Después el celebrante exhorta a los presentes con estas
palabras:
Si hay bautizandos:
Hermanos:
Acompañemos con nuestra oración a estos catecúmenos que anhelan renacer a una
nueva vida en la fuente bautismal y pidamos insistentemente todos juntos a
Dios, nuestro Padre, que guíe y acompañe sus pasos hacia la fuente bautismal.
Si se bendice la fuente, pero no hay bautizandos:
Invoquemos,
queridos hermanos, a Dios todopoderoso, y pidámosle que con su poder santifique
esta agua, para que cuantos en ella renazcan por el bautismo sean incorporados
a Cristo y contados entre los hijos de adopción.
38. Dos cantores entonan las letanías, a las que todos
responden, estando en pie.
Si hay procesión, se organiza de esta manera: primero el
cirio pascual, al que siguen los catecúmenos con los padrinos; después el
celebrante con los ministros. Hágase la monición antes de la bendición del
agua.
39. Si hay bautizandos, el celebrante
bendice el agua bautismal, diciendo la siguiente oración:
¡Oh Dios!, que realizas en tus sacramentos obras admirables
con tu poder invisible, y de diversos modos te has servido de tu criatura el
agua para significar la gracia del bautismo.
¡Oh Dios!, cuyo espíritu, en los orígenes del mundo,
se cernía sobre las aguas, para que ya desde entonces concibieran el poder de
santificar.
¡Oh Dios!, que incluso en las aguas torrenciales del
diluvio prefiguraste el nacimiento de la nueva humanidad, de modo que una misma
agua pusiera fin al pecado y diera origen a la santidad.
¡Oh Dios!, que hiciste pasar a pie seco por el mar
Rojo a los hijos de Abrahán, para que el pueblo liberado de la esclavitud del
faraón fuera imagen de la familia de los bautizados.
¡Oh Dios!, cuyo Hijo, al ser bautizado por Juan en el
agua del Jordán, fue ungido por el Espíritu Santo; colgado en la cruz vertió de
su costado agua, junto con la sangre; y después de su resurrección mandó a sus
apóstoles: "Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos, bautizándoles
en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu santo".
Mira ahora a tu Iglesia en oración y abre para ella la fuente del Bautismo. Que
esta agua reciba, por el Espíritu Santo, la gracia de tu Unigénito, para que el
humano, creado a tu imagen y limpio en el Bautismo, muera el humano viejo y
renazca, como niño, a nueva vida por el agua y el Espíritu.
Y metiendo, si lo cree oportuno, el cirio pascual en el agua
una o tres veces, prosigue:
Te
pedimos, Señor, que el poder del Espíritu Santo, por tu Hijo, descienda sobre
el agua de esta fuente.
Y teniendo el cirio en el agua prosigue:
para que los sepultados con Cristo en su muerte, por el
Bautismo, resuciten con él a la vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
40. Seguidamente saca el cirio del agua, y el pueblo
proclama:
Manantiales,
bendigan al Señor, alábenlo con himnos por los siglos.
41. Cada uno de los catecúmenos renuncian a Satanás, son
examinados sobre su fe y son bautizados.
Los catecúmenos adultos, inmediatamente después del bautismo, si está presente
un obispo, o un sacerdote que tiene la facultad de confirmar, son confirmados.
42. Si no hay bautizandos ni se
bendice la fuente bautismal, el sacerdote bendice el agua con la siguiente
oración:
Invoquemos,
queridos hermanos, a Dios Padre todopoderoso, para que bendiga esta agua, que
va a ser derramada sobre nosotros en memoria de nuestro bautismo; y pidámosle
que nos renueve interiormente para que permanezcamos fieles al espíritu, que
hemos recibido.
Señor Dios nuestro, escucha las oraciones de tu pueblo que vela en esta noche
santa, en que celebramos la acción maravillosa de nuestra creación y la
maravilla aún más grande de nuestra redención; dígnate † bendecir esta agua.
La creaste para hacer fecunda la tierra y para favorecer nuestros cuerpos con
el frescor y la limpieza. La hiciste también instrumento de misericordia al
librar a tu pueblo de la esclavitud y al apagar con ella su sed en el desierto;
por los profetas la revelaste como signo de la nueva alianza que quisiste
sellar con los humanos. Y cuando Cristo descendió a ella en el Jordán,
renovaste nuestra naturaleza pecadora con el baño del nuevo renacimiento.
Que esta agua, Señor, avive en nosotros el recuerdo de nuestro bautismo, y nos
haga participar en el gozo de nuestros hermanos bautizados en la Pascua.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
43. Terminado el rito del bautismo (y de
la confirmación) si ha tenido lugar, o después de la bendición del agua, todos,
de pie y teniendo en sus manos las velas encendidas, renuevan las promesas del
bautismo.
El celebrante se dirige a la comunidad con estas palabras u otras parecidas:
Hermanos,
por el misterio Pascual hemos sido sepultados con Cristo en el bautismo, para
que vivamos una vida nueva.
Por tanto, al terminar el tiempo de penitencia de la Cuaresma, renovemos las
promesas de nuestro bautismo con las cuales en otro tiempo renunciamos a
Satanás y a sus obras, y nos comprometimos a servir a Dios en la santa Iglesia
católica.
Así pues:
Celebrante:
¿Renuncian al pecado para vivir en la libertad de los hijos de Dios?
Todos: Sí, renuncio.
Celebrante:
¿Renuncian a todas las seducciones del mal, para que el pecado no los
esclavice?
Todos: Sí, renuncio.
Celebrante:
¿Renuncian a Satanás, padre y príncipe del pecado?
Todos: Sí, renuncio.
Celebrante:
¿Creen en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra?
Todos: Sí, creo.
Celebrante:
¿Creen en Jesucristo, su Hijo único y Señor nuestro, que nació de Santa María
Virgen, padeció y murió por nosotros, resucitó y está sentado a la derecha del
Padre?
Todos: Sí, creo.
Celebrante:
¿Creen en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de lo
santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de los muertos y en la
vida eterna?
Todos: Sí, creo.
Celebrante:
Que Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos liberó del
pecado y nos ha hecho renacer por el agua y el Espíritu Santo, nos conserve con
su gracia unidos a Jesucristo, nuestro Señor, para la
vida eterna.
Amén.
44.
El sacerdote rocía al pueblo con agua bendita.
Celebrante:
Supliquemos, hermanos, a Cristo, el Ungido de Dios, en cuyas manos el Padre ha
puesto todas las cosas, y pidámosle que escuche nuestra oración: Para que todos
los cristianos sepan seguir el ejemplo de humildad del Señor, que lavó los pies
de sus discípulos, e imiten la bondad de Aquél que aceptó las lagrimas de
Pedro, que lo había negado, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para
que el Papa Juan Pablo II y sus presbíteros, que en estos días han recordado el
inicio de su ministerio y han renovado sus promesas, vivan plenamente conformes
a Jesús y sean siempre fieles a lo que en su ordenación prometieron, roguemos
al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para
que el Señor, que se entregó a la muerte para reunir a los hijos de Dios que
estaban dispersos, inspire sentimientos de conversión a los que por el pecado o
por la indiferencia se han alejado de la Iglesia, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para
que los enfermos, al ser ungidos con el óleo de la salvación, experimenten la
protección del Señor y sientan mejora en su enfermedad y alivio en sus dolores,
roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para
que el Señor, que con su humillación nos exalta, con su entrega nos merece el
perdón, con su sangre nos purifica y con su cuerpo nos alimenta, ilumine
también nuestras mentes para que comprendamos y amemos los misterios que hoy
conmemoramos, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Celebrante:
Señor Jesucristo, ya que, mientras vivimos aún en este mundo, nos invitas a
participar en la mesa que es imagen del banquete eterno, escucha nuestra
oración y haz que los que ahora nos reunimos para celebrar el sacramento de tu
triunfo podamos ser también tus comensales en el banquete de la Pascua eterna.
Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
46. El sacerdote va al altar y comienza la Liturgia
Eucarística en la forma acostumbrada.
47. Es
conveniente que el pan y el vino sean presentados por los neófitos, si los hay.
Acepta,
Señor, los dones que te presentamos y concédenos que el memorial de la muerte y
resurrección de Jesucristo, que estamos celebrando, nos obtenga la fuerza para
llegar a la vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte
siempre, Señor; pero más que nunca en esta noche en que Cristo, nuestra Pascua,
ha sido inmolado.
Porque él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo; muriendo
destruyó
nuestra muerte, y resucitando restauró la vida.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y
también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar
el himno de tu gloria:
[Misa]
Cristo, nuestro Cordero pascual, ha sido inmolado. Así,
pues, celebremos la Pascua con una vida de rectitud y santidad. Aleluya.
Pascha nostrum inmolatus
est Christus; itaque epulemur in ázymus sinceratis et veritatis, allelúia
Oremos:
Infúndenos, Señor, tu espíritu de caridad, para que vivamos siempre unidos en
tu amor los que hemos participado en este sacramento de la muerte y
resurrección de Jesucristo.
Que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.